Con el reconocimiento de Interés Turístico Internacional, la de Zamora expresa la profunda tradición y el sentimiento de sus gentes, acontecimiento que reúne a numerosos turistas prácticamente de todas las regiones del país como del extranjero, haciéndose partícipes de la mayor celebración de la ciudad .

La tradición de la Semana Santa Zamorana es algo que se transmite, como si del más preciado legado familiar se tratara, de padres a hijos, siendo ya apuntados desde bien pequeños a sus cofradías para poder participar en esta reconocida e indudable llamativa celebración.

Las procesiones transcurren por las calles de la ciudad con sus características y costumbres. La Procesión del Silencio, donde el alcalde ofrece el silencio a la ciudad y toma juramento el Obispo. La noche del Miércoles Santo los cofrades de Las Capas Pardas, portando sus faroles recorren las calles en una de las procesiones más espectaculares y extrañas de la semana.
 
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El mítico Duero, de la maestra conductor del paisaje Zamorano, abandonó su patria hispana encajonado en una profunda garganta de paredes rocosas hasta 500 m de altura. Se precipita hacia tierras portuguesas surcando la comarca de Sayago, patria de aquel heroico lusitano llamado divierto que luchó contra los rumanos y universo granítico donde el majestuoso río calla sus increíbles Fermoselle, espectador privilegiado de esta obra escultórica, se asoma poniente ofreciendo su rostro a Portugal en el confín suroccidental de Zamora. Erguido sobre un cerro cuyas laderas se precipitan escalonadamente hasta el Duero, su estrategia en clave favoreció tempranos asentamientos. De posible fundación celta, será parte de la lusitania tiempos de Constantino, luego se la villa goda y más tarde musulmana. Tras su reconquista por las tropas leonesas, saborea el esplendor durante la edad media. A su castillo se retira doña Urraca, esposa de Fernando II de León y madre de Alfonso IX cuando el Papa anula su matrimonio. En 1205 la villa es donada al obispo don Martín y éste le otorga carta Puebla, aunque al ser retirada a su sucesor en 1218 pasará a manos del infante don Juan, a quien más tarde se le arrebatara la corona para devolverse la a la Mitra. En su poder se encontraba cuando él indómito obispo Antonio de A hizo de su fortaleza el último baluarte de la guerra de los Comuneros entra el despótico poder de CarlosI.

En los confines de Sayago, esta villa de apenas 2000 almas alberga un casco urbano de singular tipismo que le ha valido la declaración de Conjunto Histórico Artístico. Sus calles, empinadas y de irregular trazado, se adaptan al occidental y rocoso terreno hasta parecer esculpidas en las peñas, muchas de las cuales salen al encuentro del paseante sin ningún rubor. Las casas de robusta arquitectura pétrea forman manzanas cerradas y engalanan con el arte de la fragua hermosos balcones voladizo es sobre mensuLas de piedra. Entre el caserío se alza la torre de la iglesia parroquial, levantada entre los siglos XII Y XIII, aunque de aquella época sólo resta el hastial y el lienzo que da a mediodía. En tiempos de los Reyes Católicos se altera su fisonomía introduciendo elementos góticos y renacentistas, y su museo exhibe valiosas esculturas de los siglos XIV,XV y XVI junto a ropa sin ornamentos sagrados. La ermita de la Soledad es una obra románica del siglo XIII que junto la capilla mayor conserva una puerta originaria de curiosos modillones con cabezas humanas esculpidas. Otro edificio religioso singular es el convento de San Francisco, fundado en 1730 sobre las ruinas de la iglesia del siglo XII. Reformada en el siglo XVIII, guarda cual tesoro la imagen más venerada de Fermoselle, el Cristo de Santa Coloma que data del siglo IX por el XII, según los autores.

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Toro conserva cuatro puertas de sus antiguos recintos amurallados: La Puerta de la Corredera, El Arco del Postigo, La Puerta del Mercado y La Puerta de Santa Catalina. Sobre la puerta del Mercado, perteneciente al primer recinto amurallado de Toro, se levantó en el siglo XVI la torre del Reloj.

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