
La historia de Gernica es la historia de un árbol, el árbol de Guernica, una historia viva que durante siglos alimentado las ramas de este roble milenario con la sabia de las libertades del pueblo vasco. Hablar de Guernica es hablar de la patria soñada por los vascos, es hablar de los derechos forales, de libertad y de trascender la realidad de un pueblo para entrar en la leyenda de la mano de Pablo Picasso.
Dicen los vascos románticos que según se llega a Guernica, el aire anuncia que nos acercamos a un lugar sagrado. El río Oca baja del monte Garroño para llegar a esta dicha, allá se ensancha y forma una VEGA que se hace ría, de Guernica para unos, de Mundaca para otros.
Y allí, alejándose de la costa, en tierras de Vizcaya, donde según la leyenda, al poner el pie en estos verdes pastos, el rey dejó de ser rey para ser señor se levanta orgullosa estatuilla juradera fundada en 1366 por el infante don Tello, a la sazón conde de Vizcaya y Castañeda, quien nunca hubiera imaginado que siglo y medio más tarde, la villa tendría el honor de recibir la visita del más ilustre de los reyes de España don Fernando el católico, quien juró en 1476, a los pies del roble centenario, los fueros del Señorío, junto a la iglesia Juradera de Nuestra Señora de la Antigua.
En Guernica, durante siglos, los reyes hicieron señores para jurar los fueros a la sombra de un roble que dormía así fico frente a una ermita oí iglesia de Nuestra Señora de la Antigua; las ramas este viejo Roble dieron cobijo a los más ilustres representantes de sus
pueblos. En torno al roble se reunían las juntas generales cada dos años, para elegir diputados. Las juntas desaparecieron en 1877, pero siglo después, con el estatuto de autonomía de 1979 han vuelto a surgir.
Comentarios recientes