La historia de Santiago de Compostela se remonta a la prehistoria, la cultura castreña, la llegada de los romanos y, como punto de inflexión, el encuentro del enterramiento del Apóstol Santiago. A partir de ese momento la ciudad se conformará en torno al centro de poder representado por el arzobispo de Santiago y su representación física, la Catedral. El Camino de Santiago marcó desde entonces el devenir de la ciudad.
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El recorrido de la Costa de la Muerte (Costa da Morte en gallego), que va desde A Coruña o desde la Ría de Noia y Muros hasta Finisterre, está jalonado de  naturaleza salvaje y aguas bravas.

Salpicada de bellos paisajes como las playas de Trece, Reira, o Ariño (Camariñas), Lage, Traba y Soesto (Lage) Mar de Fora y O Rostro (Finisterre), los penedos de Pasarela y Traba, la Costa de Cabo Vilán y la costa que une Camelle con Traba.

La historia de esta enigmática costa gallega de más de cien kilómetros de largo se escribió a golpes del mar, a medio camino entre la leyenda y la sabiduría popular. La leyenda de Costa Da Morte se sustenta en un hecho real: más de 148 hundimientos y naufragios registrados desde el siglo XVII hacen de ella un enigjma digno de visitar.

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Corría el año 814 cuando la Pelayo observó que por la noche se veían sobre un montículo abundante resplandores de lluvia de estrellas. El santo varón avisó al obispo de Iria Flavia. Teodomiro, y ambos acercándose al lugar, descubrieron así la tumba de los restos del Apóstol Santiago.

Al poco tiempo, el rey de Asturias Alfonso II el Casto ordenó levantar sobre la tumba una pequeña basílica de piedra y arcilla. La tumba gallega de Santiago se convirtió desde entonces en el símbolo de resistencia de los cristianos españoles frente a los árabes, hasta el punto de la victoria española de Clavijo, en el año 844, se atribuyó a la intervención del santo la ciudad tras ser destruida y devastada por Almanzor en el año 997, aunque respetó la tumba del apóstol, fue de nuevo reconstruida en el siglo XI.

La ciudad de Santiago de Compostela es un prodigioso conjunto de que se alzaron en torno al sepulcro del Apóstol Santiago el Mayor, punto final de destino de todas las rutas de mayor peregrinación de la cristiandad entre los siglos XI y XVIII. A la irremplazable singularidad de sus obras maestras, románicas y barrocas, se une la ejemplaridad de una ciudad de peregrinación cristiana, lo que hace de Santiago un lugar espiritual y material único en el mundo.

Una catedral románica

La construcción de la catedral comenzó en junio de 1078 bajo el impulso del rey Alfonso VI y siendo obispo Diego Peláez. En su edificación se diferencian claramente tres etapas. La primera se llevó a cabo en el último cuarto del siglo XI de la mano del maestro Bernardo y sus 50 compañeros constructores. La segunda, en el primer cuarto de siglo XII, en tiempos del obispo Gelmírez, en donde prácticamente quedarían rematadas las partes más importantes de la catedral. La tercera corresponde a la actividad del maestro Mateo en el último cuarto del mismo siglo. La dedicación final de la catedral tendría lugar en el año 1211.

Posteriormente el claustro románico primitivo fue sustituido por otro mayor de estilo gótico. En el año 1667 se introdujo el barroco en la construcción del Portal Real y la torre del Campanario o torre Berenguela y culminaría con la fachada del Obradoiro de Casas y Novoa en 1738. Con la sustitución en el año 1757 del portal de la Azabachería concluyó el caparazón de nuevos estilos que cubren la vieja fábrica románica de la catedral.

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