
Cuando los barcos de Cristóbal Colón arribaron a la Gomera último punto de apoyo antes de partir en busca de las Indias occidentales, avituallar sus naves y llenaron sus toneles, un agua pura y cristalina que descendía abundantemente de las montañas del interior del país. Lo que nunca supieron, y el descubridor de sus compañeros de viaje, que ese agua procedía de un bosque de laurisilva que por su importancia ecológica se convertiría, ya bien entrado nuestro siglo, primero un Parque Nacional y posteriormente en Patrimonio de la Humanidad.
En el centro de la isla de La Gomera se localiza una pequeña meseta central de la que surgen, en forma radial, una seriedad sus barrancos labrados a lo largo de los siglos por las implacables fuerzas de la erosión. Casi con 4000 ha de superficie, el parque nacional cumpla esta meseta central y la cabecera de varios barrancos.
El ondulante paisaje de Garajonay está dominado por una densa masa forestal. Es el bosque de laurisilva en todo su esplendor el que da unidad paisajística a esas tierras volcánicas. Casi todos los días del año reciben directamente los vientos alisios cargados de humedad, formándose las plumas que se hacen presentes en las alturas de la isla envolviendo literalmente la desadaptación y creando unas condiciones ecológicas únicas que convierten a esta zona en un excepcional reserva de agua, al que alguien acertadamente denominó “pantano foliar” por la cantidad de agua que se acumula en las hojas de los árboles.
La uniformidad paisajística del parque sólo sirve rota por los llamados pitones o rocques y por los escarpados acantilados que constituyen una parte de los linderos del parque. Los roques corresponden a antiguas chimeneas volcánicas por las que salieron lavas passtosas de composición mucho más ácida que los basaltos. Aunque localizados en diversos puntos del área protegida, es en su límite suroriental, conocido como zona de los Roques, donde se yergue impresionantes cuatro domos volcánicos, de naturaleza traquítica, conocidos con los nombres de Ojila, Z<rcita, la Mula y Orgando. Este último, el más espectacular de todos, ocupa el extremo sur del conjunto.
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