
Cardona era la sal de Barcelona. Corrían otros tiempos. Ya en el siglo II, el escritor romano Auli Geli se quedó de piedra ante la maravilla del pueblo y escribió: una gran montaña de sal pura que crece a medida que se extrae. Por aquélla desfilaron los ídolos y los romanos. Los primeros le dieron el nombre: Quer, que significa roca o montaña escarpada. Los segundos iniciaron la explotación minera. El castillo se construyó mucho antes que la villa, y en el año 801 servía de frontera ante la España musulmana y los terrenos despoblados de la Segarra. La villa, fundada por una corta población del año 986, se construyó amurallada. Está situada en el valle del río Cardener, en el límite de las comarcas del Bages, de la que forma parte, y la comarca del Salsonés.
En la época de Wilfredo el Velloso, allá por el siglo IX, los hombres de la villa tenían que trabajar una jornada para reconstruir el castillo y sus torres. El trabajo servía para reducir penas de cárcel y otorgaba el privilegio de hacer uso cada jueves de la sal de las canteras. Con la llegada de la familia de los Cardona en el siglo XIII, se empezó a desarrollar la tierra. Estos representantes de la corona catalno aragonesa llegaron a ostentar más de 30 villas, 25 castillos y cuatro puertos de mar.
El castillo de estilo románico y gótico, desde 1976, el parador duques de Cardona. Su extensión alcanza los 70 y 2 m² y se comunica con el pueblo a través de los caminos. La torre Minyona es su joya. Se la llamó así por los amoríos de la jovencita Adalés hija del vizconde Ramón Folch y Eugenia, con el alcalde moro del castillo de Maldá en el siglo XI y el moro enamorado llegó a abjurar de su fe en Mahoma para casarse con Adalés. Pero los padres de la joven la encerraron en una torre y no dejaban salir ni por asomo. El barrio o construir una cruz en las piedras del río para que nadie dudará de su fe cristiana. Ni por esas. La familia no cedió en la pobre chica murió enferma y apenada encerrada en su torre.
En el mismo castillo se encuentra la Colegiata de San Vicente, consagrada en 1040 por San Eribaldo obispo de Urgell, vizconde de Ausona y señor de Cardona. Es un bello ejemplo del románico primitivo catalán y alberga en su subsuelo una cripta en la que se conservaba los restos de San Sebastián. Úrsula e Inés, oía la catedral de Salsona. Toda la saga de los Cardona permanecen en los sepulcros de la Iglesia. Ni siquiera falta la capilla de San Ramón Nonato, muerto una habitación del castillo ducal. El fantasma mejor no hablar. Pero Orson Wells durmió a pierna suelta mientras robaba la película campanadas a medianoche en los años 50.
Tasa de Cardona resultó muy amarga. El hombre primitivo excavó el vientre de la tierra y de aquella herida milenaria fue brotando una gigantesca formación de sal blanca y roja. Por oscuras causas geológicas, la potasa se cristalizó y forma paredes de líneas curvas que se repliegan incesantemente en las que se forman agujeros por donde corren vientos despavoridos y discurre en libros de agua, estatuas de erosión y pequeñas crestas muy afiladas. No es un cuento fantástico, sino el ombligo visible de la cuenca caucásica, la riqueza de ayer.
Aquí, uno se siente atraído irremediablemente por la cima cónica en la que está asentado el castillo de los duques situado a 546 metros de altura, en la montaña de sal. En las colonias mineras, que son barrios de las afueras de Cardona, nadie olvida la sal de su vida.
Foto: sinfo_0
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