Pilar

Avilés medieval y renacentista

En los años 50 de este siglo, el Avilés medieval y renacentista vio cómo el Avilés industrial del plan de desarrollo le ganaba terreno. A la sombra de Ensidesa (empresa nacional siderúrgica sociedad anónima), inaugurada el 28 julio 1950, aquella villa provinciana creció de forma imparable con la llegada de una suerte de inmigración interior. Los poblados levantaban la laguna de Dios alrededor del casco viejo. A los nuevos obreros del acero se les llamó despectivamente “coreanos” en mas ocasión, un pueblecito entero de Andalucía entró a trabajar en la fábrica. De un lugar tranquilo con apenas 20.000 habitantes se pasó a 90.000 en un santiamén. Ocurrió algo que jamás habían conseguido las fábricas de curtidos, vidrios y telares y otras actividades industriales derivadas del campo y de la pesca: cambiar la vida de Avilés.

Ya pasó la época de cuando era una villa tranquila veraniega. El Avilés de extramuros la transformó de formar radical. Nada se puede entender sin el acero que cambió muchas vidas. Aunque el otro Avilés, el viejo, el intramuros, siga cerrado a sus piedras centenarias, sus casas amparadas por soportales y sus calles estrechas y empinadas.

La plaza mayor conocida como él Parche, el corazón de Avilés. El edificio más sobresalientes del ayuntamiento, que data de 1670 destacaN su fachada renacentista herrerianas con tres blasones, una torre campanario y su soportales en forma de 10 arcos de media punta. El archivo municipal atesora unas actas del siglo XV y, sobre todo, una copia del fuero a favor de los vecinos de la villa que en 1085 concedió Alfonso VI, confirmando en 1155 por Alfonso VII. De la plaza mayor parte en siete calles algunas de ellas baja a orillas de la ría que desemboca en el mar por el puerto de San Juan de Nieva de este puerto partió la flotilla que toma parte en el siglo XIII en la conquista de Sevilla. El escudo de Avilés donde se ve un barco que zarpó del puerto de romper las cadenas entre dos torres recuerda la aventura naval.

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Cada domingo de Pentecostés desde hace ya 800 años, la villa de Atienza revive con asombrosa felicidad los acontecimientos que procuraron la victoria de Alfonso VIII, futuro rey de Castilla, sobre su ambicioso tío Fernando II de León, y confirman su lealtad al monarca con la celebración de la famosa caballada de la Cofradía de la santísima Trinidad.

Ese domingo los cofrades acuden en caballerías vistosamente ajaezadas a casa del prioste para desde allí ir a buscar al abad y todos juntos encaminarse a la ermita de la Virgen de la Estrella, desde la cual se inicia la procesión. Después, los atienzanos proceden a la planta del Mayo, subastaron rostros y frutos penden del árbol, y celebran el baile de la Virgen.

Quien hasta Atienza llega en tan señalado domingo de mayo, quedará prendado de la magia de esta fiesta y de seguro con la panza llena, pues es casi imposible ser prudente a la hora de comer los aplausos chorizos y el rico jamón que da esta tierra.

Vale la pena hacer un buen descanso pues se ha de ascender hasta el recinto del que fue en tiempos un poderoso e imponente castillo, cuyas ruinas presida la villa, situado en el centro mismo de las tierras altas de Guadalajara. Piedras guardados secretos de un brillante pasado medieval en una ciudad cuyos tesoros artísticos y arquitectónicos le han valido la calificación de Conjunto Histórico Artístico, galardón que ostenta desde el año 1962.

Tierra de los titios ser primeros aliado de de arévacos y lusones frente a la dominación romana, los musulmanes hicieron de Atienza un lugar poderosamente fortificado con un gran castillo la conocida “peña muy fuerte” del cantar de Mío Cid, levantado sobre un peñón de 220 m de altura. Desde abajo, la imagen de la fortaleza recuerda sobre manera a la proa de un galeón.

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Es un enorme fresno, grande y majestuoso, cuyas ramas cubren los nueve mundos y se extienden hacia arriba, hasta el firmamento tiene raíces: una llega hasta Asgard, donde residen los dioses; otra a la Tierra de los Gigantes del Hielo, y la tercera al Reino de los Muertos. Esta raíces tienen agua del pozo del destino, el manantial de la sabiduría y la fuente de todos los ríos. Tres hermanas, las Nornas, cuyo nombre son Destino, Ser y Necesidad, cuidan del árbol y atienden a todas sus necesidades de tierra y agua. Yggadrasil significa el corcel del de Ygg, o El Terrible, uno de los nombres de Odín. Se llama así porque Odín, para reconocer el secreto de las ruinas, tuvo que permanecer colgado de su ramas por el cuello durante nueve días y nueve noches sobre el abismo sin fondos.

Las ramas de Yggadrasil cubren todo el universo y derraman sobre la humanidad los ríos del destino y la sabiduría. El árbol se mantiene firme durante la guerra cósmica final, desencadenada por la maldad de los hombres, en la que hombres y dioses permanecerán en terrible combate y la tierra quedará devastada. Pero cuando la guerra haya terminado, los dioses Lif Y LIifdrasir saldrán de entre las ramas de Yggadrasil para crear un mundo nuevo y mejor.

Hay quienes se burlan sueños y los consideran una pérdida de tiempo. Pero los sueños forman parte de nosotros, tanto como los latidos del corazón. La capacidad de soñar y fantasear es un don precioso, porque expande una vida habiéndola muchas otras, un millar de capullos floreciendo en una rama los que pueden soñar deben comprender a los que no son capaces de hacerlo, porque nunca conocerán la magia que permite pasar de la realidad al mundo de los sueños: ver a través de dimensiones desconocidas para nuestros cinco sentidos, como si fueran descorriendo una serie de cortinas para revelar apasionante mundo de colores hazañas, grandes empresas y poderes.

Todos los pueblos, en todas las épocas, han sabido lo importante que es soñar. A los sueños que han quedado registrados los llamamos mitos o cuentos de hadas forman parte del tesoro de nuestro mundo secreto y son capaces de transportarnos instantáneamente al Valhalla o al Olimpo. Nos explican todo lo que ansiamos saber y dan sustancia a la convicción impida de que hay otros mundos más allá del nuestro.

Los sueños, o las fantasías, son nuestro único escape de la realidad hasta que llega el momento de atravesar la gran puerta que conduce al sueño definitivo. Y no obstante, existen sólo una leve frontera entre la realidad y la fantasía las fantasías del pasado son las realidades del presente de 1903, H.G. Wells escribió un libro titulado los primeros hombres en la luna, y sus contemporáneos lo disfrutaron como un delirio fantástico. Pero muchas personas nacidas en 1903 tuvieron la ocasión de contemplar hombres caminando sobre la luna indudablemente, debemos hacerse realidad otros muchos fantasías de Wells, y quizás el viaje por el tiempo llega a ser tan sencillo como ahora ese viaje por el espacio.

Todo lo peor aceptamos por parte de nuestras vidas fue en otro tiempo una fantasía. Las mitologías de todas las razas nos habla de seres cósmicos que usaban los elementos como armas, y la fantasía se hizo terrible realidad que en Horoshima. Los legendarios héroes del pasado se desplazaban en carros y caballos, hablaban entre sí de un extremo a otro del mundo, acción que el fuego les obedeciera y curaban enfermedades con sus poderes mágicos. En la actualidad tenemos automóviles, radio, aviones, electricidad, rayos láser, drogas milagrosas y submarinos

un científico puede deplorar la idea de que exista una conexión entre la ciencia y la fantasía, pero la fantasía siempre llega primero es el fruto de la imaginación y sin imaginación no existiría la ciencia. Todo invento es resultado de la fantasía.

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